Intercambio juvenil ERASMUS + «Act Rural to Grow Local» – Veliki Zitnik, Croacia

El 4 de octubre de 2020, un grupo de españoles nos embarcábamos con cierto miedo pero también con muchas ganas y energía a una aventura en un pueblito recóndito de Croacia llamado Veliki Zitnik.

Una aventura que, por aquel entonces, desconocíamos por completo cómo iba a proceder, ya que para muchos de nosotros era la primera vez en un programa de Erasmus +.

Por azares de la vida, uno termina descubriendo Erasmus + por distintos canales: ya sea por una difusión que ha visto en Whatsapp, Facebook, o porque un colega mismo le ha pasado la información. La cosa es que, y esto nos ha pasado a todos, la primera vez que te escogen en un proyecto (ya sea Intercambio Juvenil o Curso de Formación) vas un poco con la incertidumbre en el cuerpo. Como diciendo: “¿Qué hago yo yéndome a donde cristo perdió el mechero, sin conocer a nadie y ni siquiera sabiendo muy bien qué es lo que voy a hacer?”.

Claro, además los colegas te dicen: ¿A Croacia, a un proyecto de emprendimiento sostenible, con gente de distintos países de Europa, y encima te lo pagan todo? ¿Transporte alojamiento y comida? ¿Dónde está la trampa? Exacto. Eso mismo se pregunta uno la primera vez, y es por eso que todo el mundo al principio va un poco escéptico.

Pero vas. Y así, empiezan todos. Te embarcas en el avión, tiras para allá y rezas para que no sean una mafia que te han engañado por redes sociales y se dedican a la trata de humanos.

Cinco de las participantes del proyecto listas para coger su vuelo a Croacia.

Por suerte luego descubres que no, que la paranoia mental que te has montado está solo en tu cabeza y que efectivamente estos proyectos son reales y que son una oportunidad impresionante de abrir tus horizontes y conocer gente de distintos países de Europa, con su cultura y su tradición, de compartir y aprender juntos nuevas habilidades. Entre muchas otras cosas.

En nuestro caso, un grupo de madrileños y un vasco desperdigado nos fuimos a Veliki Zitnik con una mochila que cargaba cierto peso de miedo e incertidumbre, siendo las circunstancias las que eran… y ahora que echamos la vista atrás, os aseguramos que valió la pena habernos lanzado a la piscina; porque cuando volvimos esa misma mochila estaba llena de aprendizaje, complicidad, amistades y un montón de experiencias únicas.

Nosotros somos Ana, Sergio, María, Pablo, Claudia y Alex, y en este texto os queremos contar, de la manera más cercana posible, cómo fue esa experiencia e intentar también compartirlo con la gente y hacer ver, tal y como nos lo hicieron ver a nosotros otras personas en su día, las oportunidades que tenemos los jóvenes para movilizarnos con estos proyectos de Erasmus.

El equipo al completo en el centro Outward Bound Croatia de Veliki Žitnik.

La realidad es que estos son proyectos financiados por la Unión Europea y creados POR y PARA jóvenes, normalmente con un montón de mimo y curro detrás y vamos, que son la leche y hay que enterarse de estas cosas y movilizarse.

Nuestro proyecto, “Act Global to Grow Rural” fue un Youth Exchange organizado por Outward Bound Croatia, que acogió en Veliki Zitnik a 24 participantes de disintos países: Grecia, Croacia, Rumanía y España.

Además de los Intercambio Juveniles o Youth Exchange, hay otra modalidad de proyecto corto que es un poco más especializado llamado Training Course. (¡Mira la web de Madrid Outdoor Education! , lo explican muy bien) En ambos, la UE lo paga todo (vaya, que al final no deja de estar subvencionado con nuestros impuestos): el transporte, alojamiento y comida. Todos los gastos están cubiertos. Las temáticas de los proyectos son muy amplias hay de todo, desde clowning a análisis de metadatos, por ejemplo.

Vamos, que es que hay de todo. El “main topic” de nuestro proyecto en este caso era el emprendimiento social: básicamente se trataba empoderar a los jóvenes con diversas herramientas y aptitudes para que el día de mañana podamos hacer uso de ellas y emprender (hay muchas maneras de emprender, puede ser una empresa una idea que tienes, puede ser algo contigo mismo).

Bajo esta premisa, con técnicas de educación no formal y el aprendizaje experiencial como metodología, realizamos diversos talleres y actividades a lo largo de la semana que duró el proyecto.

Los primeros dos días la mayoría de actividades estuvieron ligadas a conocernos y crear entre todos un ambiente de complicidad y comunicación; algo imprescindible para que todo pueda fluir bien. Además de ello, compartimos nuestras expectativas y nuestros miedos de cara al proyecto.

Alex en una de las dinámicas de trabajo en equipo y superación.

Los días posteriores, mediante actividades dinámicas y también técnicas, realizamos los preparativos para lo que iba a ser el “main event” del proyecto: una expedición en modo autosostenible de dos días por el bosque croata en donde tendríamos que colaborar y trabajar como un único equipo; nada fácil siendo 24 personas.

Realizamos workshops de cómo hacer fuego en la montaña, de cómo orientarnos con la brújula y el mapa, ¡e incluso de cómo hacer nudos! Aún así, como digo, organizarnos 24 personas no es nada fácil, y en nuestro caso no fue ninguna excepción.

Claudia aprendiendo a encender un fuego.

En el grupo había de todo, desde gente experimentada en la montaña a gente que no había dormido jamás en un saco de dormir, y claro, cuando estás calentito en tu cama, has comido bien y estás descansada la complicidad es muy sencilla, pero cuando llevas 10 horas caminando, es de noche, no sabes si vas en la dirección correcta y hace frío y estás muerto de hambre… ahí es donde cada uno se quita la máscara.

Y ahí está también el aprendizaje. Porque en realidad, en eso se basó todo. Si hubiera sido sencillo, no habría habido error. Si no hubiera habido error, no habría habido aprendizaje.

El comienzo fue tal que así. Los facilitadores nos dieron el mapa y nos dijeron: “aquí tenéis que ir. Os hemos enseñado cómo hacerlo. Hala, buscaros la vida”.

Repito, 24 personas. En la ruta hubo de todo: nos perdimos ambos días y tiramos rumbo, hubo gente que no pudo seguir, hubo quejas, hubo gente ayudando y cargando las mochilas de otros… Finalmente, el segundo día, tras más de 10 horas de caminata, de noche y exhaustos llegamos al centro.

No fue sencillo, fue todo un reto, pero de ahí vino la experiencia y, por consiguiente, el aprendizaje.

Spanish Team
Uno de los bosques por los que transcurrió la expedición.

Al final comprendimos que el grupo, a pesar de las diferencias de cada uno, siempre es más fuerte unido, y de hecho esa unión fue la que nos dio ese extra de energía para poder afrontar las adversidades. Sean las que sean, vengan las que vengan, como un equipo. Porque a pesar de equivocarnos una y otra vez, continuamos sin miedo y rehicimos el camino, aprendiendo de nuestros errores.

Porque no hay que tener miedo a los nuevos retos que aparecen frente a nosotros. Tenemos que dejar los miedos de lado y darnos cuenta de nuestras capacidades.

Un barco no está hecho para quedarse en el puerto, tranquilamente, seguro. Está hecho para navegar en alta mar, libre. Realmente, fue una experiencia realmente interesante y en análisis posterior, cuando llegamos después de la ruta y compartimos cada uno nuestra experiencia, nuestros momentos álgidos y nuestras horas de mayor flaqueza, es cuando realmente pudimos entendernos el uno al otro y aprender de todo aquello.

Sergio ayudando a su compañero Sotiris (Grecia) a cruzar el rio.

Tampoco vamos a dar mucho más la chapa sobre esta expedición, pero vaya, que fue impresionante.

Los últimos días, además de la jornada de reflexión y varios talleres muy chulos que hicimos (¡Aprendimos a hacer jabón casero!), realizamos una “Intercultural Night” divertidísima: cada país trajo o cocinó algo típico de su tierra y realizó una breve presentación con las cosas tradicionales de su nación, ya sean bailes o curiosidades. No hace falta decir que nos pusimos las botas de comer.

Sergio y Darius (Rumania) haciendo jabón. Y pasándoselo en grande.

Y entonces llegó el último día. A pesar de ser proyectos de apenas una semana, las despedidas siempre suelen ser emotivas. En un período de tiempo tan corto, un grupo que hace una semana no se conocía absolutamente de nada crea tal lazo de complicidad y comparte tantas cosas que es difícil no sentir ese apego emocional. Os pasáis los contactos, os dais muchos abrazos y os deseáis de todo corazón lo mejor.

Sales de esa burbuja de realidad paralela en el que has vivido durante una semana, emprendes la vuelta a tu hogar, y por la ventanilla del avión rememoras todo aquello que acabas de vivir y das las gracias. Gracias por todas aquellas personas bonitas que has conocido, por todo el amor recibido, por todo lo aprendido, compartido, y por toda la complicidad emanada que te hace creer que sí, que las cosas merecen la pena en esta vida.

Entrega de los certificados YouthPass.

Esta es una pequeña parte de nuestra historia, pero al igual que la nuestra, hay cientos de historias más de aventuras y proyectos fascinantes de gente que ha realizado programas de Erasmus +.

Si sientes curiosidad por saber más qué es, pregunta, bichea por internet, sacia tu curiosidad y muévete, que la vida son dos días, ¡así que mueve ese culo y sigue aprendiendo y creciendo en cuerpo y alma! Y también, como hemos mencionado antes, puedes ojear la página web de Madrid Outdoor Education, la sending organization de este proyecto, gente de la leche y muy buena onda. Únete a su grupo de WhatsApp donde comparten oportunidades para la juventud. También mira en la página de Youth Salto, hay una gran cantidad de información. ¡Un abrazote y… a darle caña!

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Perfil del autor

"El Spanish Team"

"El Spanish Team"

Aventureras. Atrevidos. Soñadores. Con ganas de viajar, conocer nuevas culturas, aprender, pasárnoslo genial y ayudar a otras personas. Somos el Spanish Team. Las y los jóvenes de tu comunidad que nunca pueden estarse quietos. Que nunca dicen que no a una nueva oportunidad. Que saben que el mundo es el aquí y el ahora. Y que queremos disfrutarlo.

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